27 de mayo de 2024
Volver a Madrid siempre se siente como
volver a mí. Pasaron cuatro años, pero reconocí su aroma de ciudad cosmopolita
y como se siente el solecito mañanero en meses de frío.; una caricia en mi
rostro que agradecí con lágrimas.
El caos, el encierro y las muertes de
tantos, ha endurecido al madrileño; sentí que en general, tienen menos miedo.
Nuevos acentos acapararon mi atención. Venezolanos, peruanos, mexicanos y
otros, llegaron a la “madre patria” buscando mejor vida. No sé si la han
encontrado, pero me sonríen a pesar de lo duro que es emigrar.
Sin importar el cansancio, las horas sin
dormir y el “jet lag”, me he tirado a la calle sin pensarlo. Se me hacen
naturales algunas esquinas, un vermut y unas croquetas. En Gran Vía no cabe un
alma, pero me siento segura en una sensación de hogar que no conocía y pocos
entienden.
Despedirme fue duro, sigo llorando mientras
escribo estas líneas. No entiendo, pero siento y eso es suficiente.

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