Tenía 14 años. Estaba por cumplir 15 añitos y yo no quería una fiesta (tampoco era algo que económicamente mi familia se pudiera permitir). Mi mamá, como siempre, lo hizo posible. Así que me dejaron ir a visitar a mis familiares (custodiada siempre por varias tías) entre New York y Connecticut.
Salir de “la isla” reventó la mitad de mi burbuja. Guardo gratos recuerdos y sé que desde entonces amo New York (con todas sus luces y sombras) y por eso he regresado (y regresaré) muchas veces. Viajar sacudió todo en mí fue la chispa que inició mi amor por conocer personas, lugares y culturas.
Un viaje por sencillo e insignificante que parezca siempre cambia la vida.

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