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viernes, 18 de diciembre de 2020

La receta de la abuela

diciembre 18, 2020 0 Comments

Sentada un su sofá mirando hacia la nada, como muchos. Eran días difíciles en el hospital, la pandemia castigaba sin piedad a los mas vulnerables. Mirar a la nada ayudaba a desconectar la mente del cuerpo, el cansancio y la impotencia. 


Había decidido mantener la tradición familiar a pesar que la familia no podría reunirse. Se levanto rápidamente, rumbo a la cocina. Ajo, cilantro, cebolla, sal, orégano, comino, aceite y otros trucos. Sin percatarse había replicado la receta de la abuela. Se transporto.


La memoria olfativa la ubicó en la cocina colonial santurcina. Techos altos, baldosas hidráulicas, humedad del trópico, el adobo y su abuela. Suspiró y repaso el encanto de esa memoria. Ladridos provenientes de su patio la devolvieron al presente. Suspiro y las lagrimas le abrazaron; le sonrió a ella, a su abuela. Sabia con certeza que le acompañaba.  


sábado, 31 de octubre de 2020

Nos conocimos desde siempre

octubre 31, 2020 0 Comments

Siempre he creído que Dios, Ala, el universo, la suerte o el destino; como sea que lo llames, pone y retira a las personas con las que conectamos en nuestra vida con un propósito. Aún no encuentro el propósito de su partida; muchos al igual que yo tampoco lo encuentran; pero todos lo hemos asimilado de una o de otra forma. 


No recuerdo cuando fue la primera vez que nos vimos. A veces tengo la impresión que nos conocíamos desde siempre, que siempre estuvo ahí, en ese café. No recuerdo haberle dicho hola, ni siquiera haberme presentado o preguntado quien era él. No recuerdo que nos presentaran o que coincidiéramos en algún lugar.  


Solamente estaba ahí, desde siempre según mi mente, tranquilo, sereno. Su sonrisa temerosa le hacía ganar la confianza de la gente y su bondad era incapaz de esconderse entre las marcas del tiempo en su rostro.


Entonces de repente ya no estaba. Solía verle por las calles cercanas, en el parque y en otros cafés. Pero allí tampoco estaba ya. Todavía abro la puerta y miro hasta el fondo del salón buscándole con la mirada, con la certeza infantil que saldrá en cualquier momento; y escuchare su voz; esa voz de paz y armonía donde todo era perfecto al decirme “mi niña”.


En Memoria de Jesús Santana (1957-2019)


lunes, 10 de septiembre de 2018

Café en la memoria

septiembre 10, 2018 1 Comments
Y mi café favorito siempre será el de tus ojos
Autor Desconocido


Escribir sin dudas es sanador, pero a veces cuesta muchas lágrimas…. Comencé a escribir estas líneas el 20 de julio y apenas comencé me detuve, más bien el llanto me detuvo. Dos meses para procesar todo lo que sentí pero aquí vamos… espero que lo disfruten.

Café en la memoria

Llegar a las cuatro décadas (con todo y pisadas de fuego al andar como bien lo ha dicho el Sr. Arjona) y poder aun tener a tu abuela con vida más que un privilegio es una hermosa bendición. Mi abuela paterna a sus 96 vueltas al sol todavía nos sorprende.

Por la fragilidad de su edad, intento visitarla al menos una vez por año ya que vive fuera del país. Cada año me despido con el corazón alborotado; con la incertidumbre y el temor a no verle más. En los últimos años por su avanzada edad, su salud se ha deteriorado y sabemos que poco a poco su cuerpo se apaga. Este pasado verano fui a verla, con la advertencia de que su salud se había quebrantado y su memoria ya no era la misma. “No te sientas mal si ella no te reconoce”. Demencia senil le llaman.

Pues eso, llegue y no me reconoció de inmediato. A mi abuelita se le olvidan por lapsos de tiempo los rostros, los nombres, los momentos vividos. Se le olvidan las frases, las palabras y rutinas básicas como las de higiene, belleza y cocina entre otras. Pero también se le olvida el dolor de las perdidas, las despedidas, los sacrificios. Me dedique a observarla por días, las expresiones de su rostro me decían cuando era ella cien por ciento y cuando no. Y descubrí algo muy peculiar, cada día, cada mañana mi abuelita se levantaba y ¡hacía café! ¡Abuela tiene café en la memoria!

No tengo la certeza de volver a verla tal cual, pero si tengo muy clara todas sus historias, todas sus vivencias; como se seca el tabaco al sol y su olor peculiar, como se “esgranan” las habichuelas blancas, lo que cuesta caminar a la escuela sin zapatos, lo que duele la traición, los sacrificios por los hijos, la dureza de la emigración, la textura de las berenjenas con bacalao, el sonido de la danza y son, el aroma de su café "colao" ese que “cuela” cada día. 

Los invito a que dejen a sus viejitos (aka adultos mayores) contar sus historias las veces que quieran, escúchenlos, disfrútenlos, consiéntalos por que todo esto que llamamos vida es temporal. Y cuando digo temporal eso incluye a las personas que amamos.   






Mi primer viaje sola

                                                                         Medellín Eran mis tiernos 20 años, estudiaba en la UPR, trabajaba y...