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sábado, 12 de agosto de 2023

La niña valiente de Vancouver

agosto 12, 2023 0 Comments

Photo by E. Jiménez (All rights reserved)

Ella había cruzado dos fronteras con sus hijos para salvarse y para salvarlos de la violencia. Lejos de la familia que su corazón había elegido, sin recursos, sin conocer el idioma y a pesar de todo eso no entendía lo brava y valiente que era. Yo la veía, pero ella no se había visto así misma. 


Ya ha pasado un buen tiempo, sus hijos crecieron (incluso es abuela), son gente de bien, profesionales y ciudadanos responsables. Y si eso no es otro logro ¿Qué lo es?  


Aún lleva a flor de piel la niña valiente que no supieron proteger. Sus ojos bonitos, dulces y llorosos van cargados de ternura, inocencia y sentimiento. En el momento que verbalizo “que no había hecho nada de lo que sentirse orgullosa”, fui la extraña impetuosa que intentó recordarle lo grande que era.


Se apaga el sol en Vancouver y desde English Bay con mi rosé en mano te celebro niña valiente.


D: I purple you♥  

miércoles, 20 de enero de 2021

Mañana de otoño

enero 20, 2021 0 Comments



Photo by Tim Douglas from Pexels

El Jazz rompía el silencio; “I got Plenty O’ Nuttin” sonaba inundando mis oídos. Afuera llovía más de lo usual, no era una mañana típica del otoño tropical.


Se ha encendido la maquina de café, la escucho y veo como el vapor ha cubierto al barista; que con su sonrisa pícara confirma que “el cortadito doble está listo”. 


Voces diversas disfrutan del aroma intenso a café. Se ha impregnado en la ropa, las paredes clichosas y mi cabello. Inhalo profundamente disfrutando ese instante irrepetible, único y hermoso. 


Por fin ha llegado a la mesa mi elixir, cierre triunfal sincronizado con Fitzgerald y Armstrong; un sorbo y sonrío, estoy justo donde el universo me necesita.     


viernes, 18 de diciembre de 2020

La receta de la abuela

diciembre 18, 2020 0 Comments

Sentada un su sofá mirando hacia la nada, como muchos. Eran días difíciles en el hospital, la pandemia castigaba sin piedad a los mas vulnerables. Mirar a la nada ayudaba a desconectar la mente del cuerpo, el cansancio y la impotencia. 


Había decidido mantener la tradición familiar a pesar que la familia no podría reunirse. Se levanto rápidamente, rumbo a la cocina. Ajo, cilantro, cebolla, sal, orégano, comino, aceite y otros trucos. Sin percatarse había replicado la receta de la abuela. Se transporto.


La memoria olfativa la ubicó en la cocina colonial santurcina. Techos altos, baldosas hidráulicas, humedad del trópico, el adobo y su abuela. Suspiró y repaso el encanto de esa memoria. Ladridos provenientes de su patio la devolvieron al presente. Suspiro y las lagrimas le abrazaron; le sonrió a ella, a su abuela. Sabia con certeza que le acompañaba.  


sábado, 31 de octubre de 2020

Nos conocimos desde siempre

octubre 31, 2020 0 Comments

Siempre he creído que Dios, Ala, el universo, la suerte o el destino; como sea que lo llames, pone y retira a las personas con las que conectamos en nuestra vida con un propósito. Aún no encuentro el propósito de su partida; muchos al igual que yo tampoco lo encuentran; pero todos lo hemos asimilado de una o de otra forma. 


No recuerdo cuando fue la primera vez que nos vimos. A veces tengo la impresión que nos conocíamos desde siempre, que siempre estuvo ahí, en ese café. No recuerdo haberle dicho hola, ni siquiera haberme presentado o preguntado quien era él. No recuerdo que nos presentaran o que coincidiéramos en algún lugar.  


Solamente estaba ahí, desde siempre según mi mente, tranquilo, sereno. Su sonrisa temerosa le hacía ganar la confianza de la gente y su bondad era incapaz de esconderse entre las marcas del tiempo en su rostro.


Entonces de repente ya no estaba. Solía verle por las calles cercanas, en el parque y en otros cafés. Pero allí tampoco estaba ya. Todavía abro la puerta y miro hasta el fondo del salón buscándole con la mirada, con la certeza infantil que saldrá en cualquier momento; y escuchare su voz; esa voz de paz y armonía donde todo era perfecto al decirme “mi niña”.


En Memoria de Jesús Santana (1957-2019)


lunes, 19 de octubre de 2020

Un poquito de fe

octubre 19, 2020 0 Comments

Cuando comenzó la pandemia me encontraba fuera del país, a mi regreso todo se encontraba cerrado, incluyendo el edificio donde trabajo. Después de mi periodo de aislamiento post viaje, logre acceso para rescatar mis plantas abandonadas por más de 1 mes. Casi todas murieron; por el calor intenso, la falta de aire y agua. Solo una de ellas parecía seguir luchando, y decidí darle la oportunidad. 


La lleve a casa y la cuide. Luego volvimos ambas a la oficina, pero ella aún se veía mal. Pedí consejo a las expertas; porque yo de plantas solo sé que hay que ponerles agua. Llegué a pensar descartarla en algunos momentos, pero al final le tuve fe. Hoy, casi a 5 meses de ese rescate estoy sentada frente a ella, observo 3 nuevos retoños en la planta. Apenas y caben en su maceta, tendré que trasplantarlas muy pronto, ya no tengo una planta, serán 4. 


¿Cuántas veces has perdido la fe en algo o en alguien? ¿Has despachado o descartado de tu vida algo o alguien por temor a lidiar con lo que piensas puede implicar un proceso de transformación? ¿Te has rendido pensando que no vas a poder? Nos ha pasado a todos en alguna ocasión. 

Entonces, ¿Qué tal si comenzamos a tener menos prisa y más empatía? ¿Qué tal sería si nos creamos menos expectativas y fluimos más? ¿Qué tal si en lugar de rendirnos ante las dificultades le ponemos un poquito mas de fe? 


Necesitamos un poquito de fe para:

-Los niños en procesos de aprendizaje nuevos 

-Para aquellos que intentan vencer su pasado de dolor

-Para aquellos que persiguen sus sueños

-Para aquellos que emprenden un nuevo proyecto

-Para aquellos que están reconstruyendo su autoestima

-Para los luchan para romper con los paradigmas que otros impusieron

-Para esas relaciones que pueden transformarse

-Para nosotros mismos, que aun no llegamos, pero ahí vamos


Mas fe, menos juicio; comenzando por ti. 


jueves, 8 de octubre de 2020

Bandera en mano

octubre 08, 2020 4 Comments

 


Desde que la “pandemia” no me permite viajar libremente, he tenido tiempo de sentarme y repasar mis últimos viajes con detenimiento. Cuando viajas hay muchas cosas que te marcan. Experiencias, culturas, personas, lugares, sabores, aromas, paisajes, idiomas y muchos otros detalles. 

A mi me suelen marcar las personas, pero no cualquier persona. Desde que entiendes que cada ser que se cruza en tu vida tiene algo que ensañarte o algo que aprender o ambas cosas; los ves como maestros, prestas mas atención a los detalles y buscas conectar con la enseñanza y el propósito. Así como Marcela (la que viaja sola), me enseño lo que era verdadera libertad y valentía; David me enseño el verdadero concepto de líder. 

Ya nos habían anticipado que amaríamos a este ser; no se equivocaron. Olvídese de todas las teorías modernas de liderazgo que nos enseñan en la facultad. Este señor no solo fue nuestro guía turístico, fue mucho más. Tengo mil historias que contarles, pero un solo post no daría. Por tanto, iré a lo más importante.

El día comenzaba con un saludo energético, un repaso de itinerario y una planificación del siguiente día con un “Mañana nos vamos a levantar a una hora que yo sé, pero que ustedes todavía no”. Pero, mientras el mundo se derrumbaba, cerraban fronteras, cambiaban destinos de viajes y nuestros familiares estaban aterrados, David fue quien nos mantuvo en equilibrio emocional y espiritual. Con su sonrisa cálida y honesta, que no dejaba de aparecer aun cuando su propio mundo ardía y sus temores y preocupaciones eran exactos y hasta mayores que los nuestros; con esa sonrisa y bandera en mano, nos mantenía enteros. 

Sin dudas los momentos mas duros los vivimos entre Austria y Suiza, pero él vivió los retos personales y profesionales mas intensos en mucho tiempo desde el día uno. David: allá donde la vida te haya puesto, gracias por el compromiso con tu profesión, por el “wake up call” (disculpa si no te dije que desde Francia aprendí a desconectar el teléfono), la buena vibra, la música despierta muertos, los consejos, las recomendaciones, la solidaridad, pero sobre todo por no soltarnos en medio de la incertidumbre, por cuidarnos como a tu familia y por vivir con nosotros las historias que nos harán recordarte siempre.   
    

sábado, 26 de septiembre de 2020

Mañana de domingo

septiembre 26, 2020 0 Comments


Amo las mañanas de domingo; silenciosas y calmadas. Enciendo un incienso, me acomodo en el sofá y respiro. A lo lejos, los pájaros exaltados van y vienen con prisa y alegría; me invitan a asomarme al balcón. Abandono el sofá y me regalan una vista lejana al océano, envidiable.

Pasos lentos me llevan hacia la estufa, el café no falta en mi vida. Mientras se consume mi incienso, observo el humo, distraído; impregnando todo el lugar. El silencio es reparador si has hecho las paces contigo mismo.

Sonreír sin motivos es un buen comienzo. Suspiro y voy tras el próximo sorbo. Estos tiempos nos han hecho ser más humildes y vivir con más tranquilidad.   

 

lunes, 14 de septiembre de 2020

Nadie puede decirte como sobrellevar tus miedos

septiembre 14, 2020 0 Comments

 


El Facebook me ha recordado que un día como hoy enfrenté mis miedos. Bueno; uno de ellos, porque aún me quedan unos cuantos por atender. 

Hace cuatro años crucé el Royal Gorge Bridge en Colorado; con un ataque de pánico en proceso, la compasión de familiares que, detrás de mí caminaban en contra de sus propios temores mostrando su apoyo; un cielo intensamente frío y soleado. Para muchos esto puede ser insignificante, pero cuando le tienes terror a las alturas; y por consiguiente a los puentes colgantes, el solo hecho de acercarte a la baranda es un deporte extremo. 

“No mires hacia abajo”, me gritaba mi primo, pero era tarde; había mirado entre las tablas de madera del piso. A 1,200 pies debajo de mí, el Rio Colorado me decía “fluye”. Mi instinto no me permitió detenerme, a pesar de todo lo que venía con ese pensamiento. Sudando frío, con el corazón a mil, mis pies intentando llevarme, mi cara se sentía hervir y me costaba respirar. Yo solo me repetía una y otra vez, “no te detengas, no te detengas, no vas a parar”.

Así fue como vencí en menos de cinco minutos uno de mis miedos más grandes. Termine desplomándome en un banco al tocar tierra firme. Aire, agua, un helado; me recuperaba. Mi mente se rindió y las señales de pánico se disipaban. Nadie puede decirte como sobrellevar tus miedos. Solo tu alma sabe cuándo estás listo para enfrentarlos, escúchala e inténtalo.


       


martes, 8 de septiembre de 2020

El tren equivocado puede llevarte al lugar correcto

septiembre 08, 2020 0 Comments

Doy vuelta en la primera esquina, el frío me entumece las manos con todo y guantes. Caminar se hace complicado, varias libras adicionales de ropa de invierno me maltratan. Por un instante extrañe mi húmedo calor tropical caribeño. 

Vuelvo a girar. Reconozco esta calle a pesar de nunca haber estado aquí. O al menos en esta vida. Es una mañana fría, callada y vacía en Innsbruck. 

Escucho sonar las campanas de la Spitals Kirche; el corazón espantado y de fondo Los Alpes nevados. ¿Sera una visión? 

¡No!, me digo a mi misma; a veces el tren equivocado puede llevarte al lugar correcto.

Entonces, suspire, pedí una mesa y me senté. Alce la vista hacia el nevado y me perdí.   


jueves, 28 de mayo de 2020

Catorce días

mayo 28, 2020 0 Comments

Abrázame, abrázame
Que el sol se va y hay que volver
Abrázame, que tengo miedo
A no volver, a no volver
LODVG


Han sido días muy duros los que no has tocado a todos vivir. De repente nos atrapo la “pandemia”, nos separó de los nuestros; en especial de los más vulnerables; re definió la realidad.

A mí me agarró viajando; por aquello de no perder la costumbre; y me toco abortar un viaje y a toda prisa regresar a mi país. Llegue para sumarme a las estadísticas de los que tendrían que hacer 14 días de purgatorio domiciliario.

Este diario no solo incluye algunas de mis vivencias y pensamientos en esos 14 días, también recoge la de colegas, amigos, familiares y nuevos extraños post viaje.

Día 1 2:33 am-Después de tres aviones, seis horas de “layover” en Barajas, quince horas de vuelo y dos interrogatorios post viaje llegue a casa. Corrí a la ducha, abrí la llave; lloré, lloré, lloré..

Día 2-Atrás quedo Suiza, la ropa de invierno, desempaco y encuentro más recuerdos. Me transporto, vuelvo a llorar. Vuelvo a cerrar la maleta, suspiro me tumbo en la cama. Mañana será un día mejor.

Día 3-Tengo miedo de enfermar y estar sola. Busco en el móvil las fotos de los Alpes del lado de Suiza, respiro y cierro los ojos, regresé. Decido abrir por primera vez el balcón del apartamento, un arcoíris me sonríe.

Día 4-Después de dos días pintando mandalas, prendo la computadora; ha sido mi único intento formal de regresar a la realidad. No funcionó, subo el volumen de la música, me tumbo en el sofá.

Día 5-Repaso mi mapa de viajes,  a donde fui, a donde volveré y que me falta por ver.

Día 6-No he hecho nada más que estar en el sofá, mirar el atardecer y escribir. Escribir me cura, lloro, sigo escribiendo y lloro. Me he tomado mi primera selfie de cuarentena. No me reconozco.

Día 7-Toca trabajar, me he metido a un seminario virtual, leyes nuevas, cambios por todos lados. Los clientes llaman pero no quiero atender. Un hermoso atardecer me acompaña.

Día 8-Mi sobrina de tres años me ha hecho una video llamada, me ha hecho sonreír tanto que y los ataques de pánico se han asustado y se fueron.

Día 9-Vuelvo a los mandalas, pecho apretado, lagrimas a granel, Sanz me acompaña.

Día 10-Repaso mis fotos de Marienplatz, lloro; me hizo falta más tiempo para apreciarle. He cocinado tres veces, casi como todo un adulto funcional.

Día 11-Me tomé un minuto para escribirle algo bonito al Universo, solo Él lo sabe.

Día 12-Mi sobrino de cinco años me ha hecho una video llamada. Ya se puede acabar el día, nada va a superar su sonrisa.

Día 13-Café, incienso, música y lectura. Hoy solo estoy para mí.

Día 14-Instagram me recuerda mi viaja a New York en 2016, extraño a mi familia. El maldito COVID no me dejara visitarle por ahora. Recordar es vivir, solo si vives en el pasado.





miércoles, 25 de marzo de 2020

Viajar lo cura casi todo

marzo 25, 2020 0 Comments


Inés- tabilidad son las once y once minutos y estamos donde tenemos que estar
Yo miro fijamente al sol a ver como me va, que como me va, que como me va hoy
Yo miro fijamente al sol a ver como me va, que como me va, que como me va hoy

Perotá Chingó


Viajar lo cura casi todo

Cuando estas roto no hay nada mejor que alzar vuelo. Agarrar la maleta, llenarla con un par de trapos y partir. Viajar me ha servido de celebración, meditación, escape y sanación.

Cuando viajas toda la incertidumbre, lo nuevo, lo inesperado, lo desconocido se apodera de tu espíritu y te hace dejar de enfocarte en lo que te hace daño. En cada paso vas encontrando señales y respuestas de lo que fue, de lo que no, de los porqués. Comienzas a ver todo desde el macro y no desde el micro de tu dolor y protagonismo.

Entonces me deje perder por las calles de Medellín, camine sin cesar, sin rumbo y me deje aturdir por los autos, los bocinazos de las motos y las voces con acento paisa. Y como un acto de magia, mi mente comenzó a disparar recuerdos, se vaciaba con la adrenalina y el cansancio. Allí vi, entendí que todo lo tenía en mi cara y lo ignore. Deje de culparme.

Cada sencillo momento de ahí en adelante fue una confirmación de que todo acontecimiento en nuestras vidas tiene su razón de ser, incluso aquellos que nos despedazan el alma. Suena como aceptación, pero no es tan fácil ni tan rápido. Viajar y el tiempo lo cura todo.   

miércoles, 4 de abril de 2018

Y tú, ¿ya te despediste?

abril 04, 2018 0 Comments



Me conforta
despedirme
de lugares a los que
jamás
habré de conocer.

Estrategias de Combate
E.S. Ortíz-González


¿Por qué no te gustan las despedidas?, así de directa y profunda llegaba la pregunta. Si bien hay personas que les cuesta dejar ir, hay otras que no tienen problemas con deja ir pero si con aceptar que están cerrando una etapa. 

Cuando mi padre estaba a punto de fallecer, en aquella cama de hospital sin ya apenas conciencia, decidí despedirme de lo que conocía de él hasta ese momento. Yo elegí despedirme, retirarme y esperar lo que seguía.  Falleció dos días después (tal vez tres, en realidad no tengo noción del tiempo por esos días). Eso fue el comienzo de mi duelo, que pensé que terminaría pronto, pero tomó casi 18 años.

Desde entonces, he elegido bien mis despedidas, o al menos las que la vida me ha permitido. Conforta despedirse de las personas, cerrar etapas, puertas, ventanas, lugares, recuerdos. Me ha tocado despedirme incluso que lugares a los que nunca fuimos, cosas que nunca hicimos y sueños que no se realizaron.

Y tú, ¿ya te despediste?

sábado, 17 de marzo de 2018

Dejar ir...

marzo 17, 2018 2 Comments


Cuando la fiesta se acaba 
Mucho antes de la madrugada 
Y tu alma no está preparada para un adiós
Porque a veces querer es saber dejarlo ir 
(Raquel Sofía, 2017)

Dejar ir, es definitivamente uno de los procesos más complicados, duros, naturales y trasformadores que los seres humanos vivimos. ¿Por qué cuesta tanto entonces? La conciencia de nuestra humanidad efímera que se aferra, que se apega, quiere quedarse ¿será eso?

Dejar ir es un proceso al que deberíamos estar acostumbrados, desde el primer día de nuestra existencia dejamos ir la comodidad del vientre materno. Dejamos ir lugares, eventos, amigos, familiares, mascotas, estilos de vida, parejas ¿Qué más? Dejamos ir a los hijos, a los padres, a los abuelos.

Dejar ir como ejercicio de desprendimiento ¿de que necesitas desprenderte? ¿Cuánto retienes, a quienes retienes? ¿Cuánto llega a costar, a pesarte el intento de retener? ¿Cuánto sacrificas con el apego?

Como parte de esta reflexión le pedí a mis amigos en las redes sociales que me dijera el por qué o el para que se deja algo/alguien ir. Aquí les dejo las respuestas. Espero que puedas encontrar tus razones aquí y si no, escribe tu propia afirmación.

Te dejo ir ¿Por qué? ¿Para qué?

Te dejo ir para que encuentres tu felicidad
Te dejo ir para que crezcas
Te dejo ir para que no vivas mis miedos y superes los tuyos
Te dejo ir para que encuentres tu propio camino
Te dejo ir para que persigas tus sueños
Te dejo ir para que me superes
Te dejo ir para que me olvides
Te dejo ir porque me valoro
Te dejo ir porque me quiero
Te dejo ir porque no me haces bien
Te dejo ir porque merecemos algo mejor
Te dejo ir porque estamos evolucionando sin ti
Te dejo ir porque me dueles
Te dejo ir porque aprendí a decir ¡basta!
Te dejo ir porque merezco paz
Te dejo ir porque me cansé
Te dejo ir porque decidí amarme
Te dejo ir porque mi vida (aventura) continúa ahora lejos de ti
Te dejo ir porque no me permites crecer
Te dejo ir porque no quiero morir ahogada contigo
Te dejo ir porque merecemos ser felices
Te dejo ir porque necesito ir a lo próximo
Te dejo ir porque nuestro ciclo terminó
Te dejo ir porque te quiero libre
Te dejo ir porque la lección ya está aprendida
Te dejo ir porque para avanzar
Te dejo ir porque me haces más daño que bien
Te dejo ir porque nos conviene
Te dejo ir porque para recordarte


lunes, 22 de mayo de 2017

Lecciones aprendidas en el tren: Lo esencial es invisible a los ojos

mayo 22, 2017 0 Comments
Lo esencial es invisible a los ojos, pero las almas buenas, las mentes abiertas y los corazones nobles son capaces de ver cualquier cosa. En especial el alma de los niños, esos grandes maestros a los que debemos prestar más atención. 

Hace un par de días, mientras cabeceaba del sueño en un tren en medio de la ciudad de Nueva York, nuevamente el destino me puso de frente a una de esas lecciones que debemos repasar. Una familia mexicana con tres niñas entre las edades de 5 a 9 años. Fue inevitable para mí no fijarme, pues en casa somos también tres hermanas. 

Al final de un día de intensas caminatas para mí, de trabajo para otros pasajeros, todos cansados y aturdidos llegaron ellos. La familiaridad del idioma capturo mi atención, y claro, las niñas. Una familia de inmigrantes como muchas, luchando por una vida mejor. En medio de una ciudad tan dura como hermosa allí estaban ellas, jugando felices. De repente me percate que uno de sus juguetes era de cartón. Casi me cambio de lugar para poder fijarme en más detalle; pero no fue necesario ya que justo frente a mí se librero un espacio y papa sentó a dos de la niñas allí. 

Al parecer, papa le construyo en cartón a cada una de sus niñas un auto del tamaño de una rebabada de pan, ideal para acomodar unas figurillas miniatura de Moana, Poly Pocket, Elsa y otras. Un auto de cartón, con asientos, espaldar y hasta dibujos. Un auto de cartón un una época donde puedes comprar lo que sea por un par de dólares. Las niñas no paraban de reírse y jugar, estaban contentas, felices. La niña que parecía ser la más chica no paraba de decir mientras jugaba “hermanas vamos al auto de paseo, súbanse súbanse”. 

Fue inevitable pensar cuan sacrificado es  para los padres garantizar tantas cosas para sus hijos, salud, alimento, educación, diversión, valores entre otras cosas. Por experiencia propia, sé cuanta ansiedad puede darle a los padres el no contar con los recursos económicos para proveer lo que la sociedad entiende como “esencial” a los niños. Esos padres de seguro no pueden comprar tres veces el mismo juguete, uno para cada niña. De seguro que no se podrá siempre. Pero ellas, estaban felices con sus autos de cartón. El propósito se cumplía. Y pensé en mis padres, y todos sus sacrificios para que mis hermanas y yo tuviéramos lo esencial y un poco más. Y pensé en sus luchas, sus miedos, sus sueños que pasaron a segundo plano. Y entendí muchas cosas, muchas miradas, muchas lágrimas. 

Los niños y niñas no necesitan juguetes caros y ostentosos, juegos complejos o sofisticados para ser felices, lo que necesitan como prioridad es amor, amor que es lo esencial para cualquier ser humano. ¿Cuantas veces nos quejamos de lo que no tenemos? ¿Cuánto estamos dispuestos a hacer por cosas materiales no llenan nuestras almas? ¿Cuán apegados estamos a los bienes materiales que poseemos? ¿Cuánto codiciamos aquellos bienes que no podemos tener?; y al final ¿Qué pasará con todo eso que nos “lleno” de forma superficial? 


—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos. —Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse. Antoine de Saint-Exupéry

viernes, 27 de julio de 2012

Perdonar para ser libre...

julio 27, 2012 0 Comments




Justo leyendo este mensaje “If you cannot learn to forgive, you shall stay imprisoned with the unforgiven, let go of what was & live in the present”, sonaba en mi iPod una clásica de los 90… “claro que se perder, no será la primera vez, hoy te vas tu, mañana me iré yo”, recordé así una de esas fallidas historias de amor. Gran parte de mi camino espiritual en este plano (vida, mundo, existencia como quieran llamarle) se ha tratado del perdón. El perdón, sí; ese que tanto se pregona y no se practica.


El perdón es un proceso que no puede existir sin el odio o el rencor. Es decir, el rencor y el odio solo son caminos que nos ayudan a crecer, aunque parezca cliché; es cierto. Todas las religiones que conozco así lo afirman. Y mientras más profundas son las heridas, más nos aferramos al dolor, al odio y más nos estancamos, más lento se recorre el camino a la liberación. La liberación de perdonar es un proceso que todos nos merecemos.

A mí, como a cualquiera me ha tocado vivir mi proceso de liberación. Una de esas historias de “amor” que se convirtieron en desamor, dejó en algún momento una herida brutal en mi espíritu. De ahí a odiar fue rapidísimo, pero al menos yo, nunca pude con el peso del odio. La necesidad de soltar esa carga fue lo que me llevo a buscar la liberación. Tomó tiempo, tomó años, pero al mirar atrás hoy me siento en paz.  

¿Qué aprendí? Que odiando y guardando rencores solo obtienes dolor para ti. Que incluso aquellos que te han herido y se merecen tu odio tienen derecho a pedir perdón y que aun cuando no lo pidan o no se lo merezcan, aun así, liberarte de esa carga será una gran diferencia en tu vida. El perdón es un regalo que le hacemos a nuestra alma.  

Solo tú decides cuando te liberas….


"Demente por creer en el perdón a toda cuesta aun cuando la herida fue violenta y dejar que sea Dios el que te va a pagar" (Tercer Cielo)


Mi primer viaje sola

                                                                         Medellín Eran mis tiernos 20 años, estudiaba en la UPR, trabajaba y...