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lunes, 27 de mayo de 2024

La despedida

mayo 27, 2024 0 Comments

Foto por Igor Starkov

No estaba listo para una nueva relación, mucho menos para amarla. Consternado con lo que sentía, emprendió la despedida. Agarro su sombrero, billetera y llaves, “he de decirle que no puedo”; se repetía una y otra vez para sus adentros. 

Encendió su auto, pero dudó si emprender la marcha. Se miró en el retrovisor buscando valor, respiró profundo. Conducía con la mente abrumada planificando su argumento, “eres muy bonita, pero”. En negación repetía “no no no Joel, eso no es justo”. Un bocinazo lo ha traído de regreso, semáforo en verde. “No quiero un compromiso con nadie”, otro pensamiento intruso. Lo ha detenido el tráfico, habla para si “no estoy enamorado de ti”. 

Segundo bocinazo, las lágrimas atacan; “eso es mentira, no puedo decirle una mentira”, lo susurró, como si quisiera que el Universo no escuchara. El camino se ha hecho mas largo de lo usual.

Aparco el coche donde siempre, sus manos temblorosas y su mirada al cielo buscaban fuerzas. Caminó hacia la entrada del café. La vio sentada, sola y sonriente, se había pedido un cappuccino. No fue capaz de acercarse, sus miedos pesaban más que todo su pasado. La cita que el mismo había planificado, soñado y solicitado no existió.  

El, aún la piensa. Ella ya no se acuerda. 



domingo, 26 de septiembre de 2021

Te esperaba, pero no estas.

septiembre 26, 2021 0 Comments


Photo by Edu Carvalho from Pexels

Me he bajado del Uber con mucha dificultad. Maleta grande, baúl pequeño. Mi conductor no hizo ni un gesto para ayudarme, en fin, lo normal. No bien había echado una breve mirada a la casa y mi Uber ya había desaparecido.


“La casa está intacta”, decía para mis adentro repasando con la mirar cada flore del jardín. Arrastrando a Karma (así le he llamado a mi maleta) lentamente, camine hasta la puerta he hice sonar el timbre. Había hecho esto tantas veces, sabía como funcionaba. El timbre sonaría y acto seguido Rico ladraría descontroladamente, sería el primero en asomarse. Le seguirían los pasos lentos y pesados de mi abuela, su risa y su particular “nena ¿que tú haces aquí”, porque siempre he llegado sin avisarle. 


Ahí estaba yo, pasada las una de la tarde, sofocada con el sol veraniego pegando duro en mi rostro, mi cubre bocas empapado de sudor. “Paciencia ten paciencia”. Cinco minutos después, seguía esperando por ella. “¿Qué pasara que abuela no abre la puerta? Estaba lista para desafiar una vez más las normas, y comenzar a gritarle como una parcelera “abuela, abre la puerta”. Un escalofrío me recorrió desde la cabeza y hasta la espalda.    


No tenía que seguir esperando, ese escalofrío me hizo realizar que hacía hace un año que mi abuela había muerto. Y yo, aún en el sol, esperaba verla abrir esa puerta, como en los viejos tiempos. Respire pesado, y las lagrimas me atacaron. Agarré el móvil y llame a la casa “ábreme tía que estoy en la puerta”.    


miércoles, 13 de enero de 2021

Por las calles de Madrid

enero 13, 2021 0 Comments



Photo by Selim Çetin from Pexels
IG sc._designs

Demasiado tiempo había pasado desde la última vez que pudo pasearse por las calles de Madrid. Ahora sentado en plena Calle Mayor, contando su perdida a un extraño lo entendía. Ha hecho más frío de lo habitual, lo ha notado en la ropa de las transeúntes. Pero el aún siente la intensidad en la piel del país que eligió como destino. 


Son muchos los que han tenido grandes pérdidas humanas en esta pandemia, pero, sin dudas; nadie se prepara ni espera regresar a la patria a enterrar a su madre en una circunstancia tan terrible, cruel, inhumana y dolorosa. 


Ha dejado atrás al extraño; lloraba a un hijo. Ahora necesita caminar un poco más, tal vez llegue hasta la Puerta del Sol. Necesita caminar su ciudad y buscar la mirada de su madre entre la gente. No hay más que hacer. Todo parecía tan distinto ahora, ese espíritu vivaracho y sandunguero de los madrileños estaba apagado. Miraba al cielo y sonreía. 


“¿Cómo he de volver a casa?”, la isla que escogió para emigrar y que sentía como propia le esperaba. “¿Podré regresar con este dolor en mis entrañas?" El ruido del tranvía irrumpió sin piedad, le trajo de regreso al 2020, interponiéndose entre sus ideas y su vulnerabilidad emocional. Se detuvo de repente y miró alrededor para revisar donde estaba. Paseo del Prado leía a su derecha, había caminado lo suficiente para aturdirse. 


Un escalofrío casual lo sacudió. Volteó a mirar a su alrededor, tenía la sensación de que su madre le observaba. Esta vez no se equivocaba, solo que no la veía. 


viernes, 18 de diciembre de 2020

La receta de la abuela

diciembre 18, 2020 0 Comments

Sentada un su sofá mirando hacia la nada, como muchos. Eran días difíciles en el hospital, la pandemia castigaba sin piedad a los mas vulnerables. Mirar a la nada ayudaba a desconectar la mente del cuerpo, el cansancio y la impotencia. 


Había decidido mantener la tradición familiar a pesar que la familia no podría reunirse. Se levanto rápidamente, rumbo a la cocina. Ajo, cilantro, cebolla, sal, orégano, comino, aceite y otros trucos. Sin percatarse había replicado la receta de la abuela. Se transporto.


La memoria olfativa la ubicó en la cocina colonial santurcina. Techos altos, baldosas hidráulicas, humedad del trópico, el adobo y su abuela. Suspiró y repaso el encanto de esa memoria. Ladridos provenientes de su patio la devolvieron al presente. Suspiro y las lagrimas le abrazaron; le sonrió a ella, a su abuela. Sabia con certeza que le acompañaba.  


lunes, 21 de septiembre de 2020

Café en Paris cariño, contigo o sin ti.

septiembre 21, 2020 2 Comments

Nunca pensé que lloviera tanto en Paris. Pero en pleno invierno el mes de marzo nos daba con toda el agua que podía. Lo bueno de que llueva todo el tiempo mientras caminas es que puedes llorar y nadie nota tus lágrimas. 

Repasaba la ruta; hablamos de ella tantas veces. “Nos hospedaremos aquí”, “cenaremos allá”, “haremos el amor mirando a la Torre Eiffel” y “Tomaremos café en Montmartre”. La ruta ya no era nuestra, ahora; era solo mía.   

Entonces reorganice mi ruta, camine por las calles vacías y hermosas. Deje que mis pies invitaran la aventura parada por parada. Me detuve a tomar fotos de lo cotidiano, de lo frágil, de lo ostentoso. 

Y encontré aquel café parisino; pedí una mesa, una crepa y un café. En Paris llovía y todo me parecía tan hermoso, incluso ese café sin ti. 


Mi primer viaje sola

                                                                         Medellín Eran mis tiernos 20 años, estudiaba en la UPR, trabajaba y...