lunes, 27 de mayo de 2024
miércoles, 13 de enero de 2021
Por las calles de Madrid
Son muchos los que han tenido grandes pérdidas humanas en esta pandemia, pero, sin dudas; nadie se prepara ni espera regresar a la patria a enterrar a su madre en una circunstancia tan terrible, cruel, inhumana y dolorosa.
Ha dejado atrás al extraño; lloraba a un hijo. Ahora necesita caminar un poco más, tal vez llegue hasta la Puerta del Sol. Necesita caminar su ciudad y buscar la mirada de su madre entre la gente. No hay más que hacer. Todo parecía tan distinto ahora, ese espíritu vivaracho y sandunguero de los madrileños estaba apagado. Miraba al cielo y sonreía.
“¿Cómo he de volver a casa?”, la isla que escogió para emigrar y que sentía como propia le esperaba. “¿Podré regresar con este dolor en mis entrañas?" El ruido del tranvía irrumpió sin piedad, le trajo de regreso al 2020, interponiéndose entre sus ideas y su vulnerabilidad emocional. Se detuvo de repente y miró alrededor para revisar donde estaba. Paseo del Prado leía a su derecha, había caminado lo suficiente para aturdirse.
Un escalofrío casual lo sacudió. Volteó a mirar a su alrededor, tenía la sensación de que su madre le observaba. Esta vez no se equivocaba, solo que no la veía.
sábado, 14 de noviembre de 2020
Alan se despide
Ella había visitado su tienda justo antes de su viaje a Europa. Ese día cruzaron palabras muy breves, el tiempo apremiaba. Ahora, volvía a ese mismo lugar y no podía creer lo que veían sus ojos. “¿Qué ha pasado? ¿Cómo es esto posible?”; eran las preguntas que disparaba para sus adentros.
Casi pasaron seis meses desde que la distancia social había separado el mundo. Miró nuevamente la sombra de este hombre, pero ya no era él. Había perdido una cantidad impresionante de peso. El hombre grueso y robusto había quedado en el pasado sin cáncer, su mirada profunda y aquella risa burlona también.
Ahora parecía menos alto de la habitual y en su rostro se enmarcaban gestos y arrugas que no siempre estuvieron ahí. Todo era distinto, el color de su piel, su semblante y el tono de su voz. Se miraron fijamente a los ojos, mientras para ambos se asomaba el diluvio; un respiro profundo sincronizado y el exclamo “me estoy muriendo Elena, por si no lo sabías”.
Un golpe eléctrico corrió desde su cabeza a la garganta; no podía emitir sonido alguno. ¿Qué se le dice a alguien que te dispara con semejante argumento? Asintió, “lo sabía desde que entré por la puerta y te vi”. Elena no mentía, en un segundo había repasado los rostros de sus familiares que antes pasaron por lo mismo.
Mientras se acercaba con la intención de abrazarle, Alan dio media vuelta, se puso de espaldas y se marchó. Ella tomo su pedido, lo puso en su bolso, dio media vuelta, cerro sus ojos y lo bendijo; soltó sus lágrimas y se marchó.
sábado, 31 de octubre de 2020
Nos conocimos desde siempre
Siempre he creído que Dios, Ala, el universo, la suerte o el destino; como sea que lo llames, pone y retira a las personas con las que conectamos en nuestra vida con un propósito. Aún no encuentro el propósito de su partida; muchos al igual que yo tampoco lo encuentran; pero todos lo hemos asimilado de una o de otra forma.
No recuerdo cuando fue la primera vez que nos vimos. A veces tengo la impresión que nos conocíamos desde siempre, que siempre estuvo ahí, en ese café. No recuerdo haberle dicho hola, ni siquiera haberme presentado o preguntado quien era él. No recuerdo que nos presentaran o que coincidiéramos en algún lugar.
Solamente estaba ahí, desde siempre según mi mente, tranquilo, sereno. Su sonrisa temerosa le hacía ganar la confianza de la gente y su bondad era incapaz de esconderse entre las marcas del tiempo en su rostro.
Entonces de repente ya no estaba. Solía verle por las calles cercanas, en el parque y en otros cafés. Pero allí tampoco estaba ya. Todavía abro la puerta y miro hasta el fondo del salón buscándole con la mirada, con la certeza infantil que saldrá en cualquier momento; y escuchare su voz; esa voz de paz y armonía donde todo era perfecto al decirme “mi niña”.
En Memoria de Jesús Santana (1957-2019)
jueves, 8 de octubre de 2020
Bandera en mano
miércoles, 30 de septiembre de 2020
Marcela viaja sola
El mundo fuera de nuestra burbuja se desmoronaba. Y mientras cerraban fronteras y cancelaban vuelos, nosotras caminábamos por Berna a paso lento. Ya no había prisa, estaríamos varadas varios días.
El frío y el hambre nos vencían, así que decidimos entrar a Le Mazot. Mientras descifrábamos el menú con nuestro pobre francés y cero alemán, era inevitable que nuestra lengua boricua se soltara. “¿Ustedes son boricuas?”; alguien nos hablaba en español, era Marcela. Nuestra burbuja se llenó de la paz y la calidez de un idioma conocido.
Con toda la seriedad del mundo yo escogía mi Rösti, mi amiga escuchaba atenta y Marcela terminaba su almuerzo. Mujer brava e independiente que viajaba sola. Hace meses que había dejado su natal Argentina para conocer Suiza. Con los aeropuertos y fronteras cerradas ahora no tenía donde ir. La pandemia avanzando obligaba a cerrar los hostales, ya la habían desalojado de dos. Ahora buscaba llegar al consulado para pedir alojamiento.
Yo con mis ojos fijos en su mirada, no podía sino admirar la tranquilidad y el temple con el que hablaba. Por menos que eso nuestros compañeros de viaje estaban aterrados. Todos “hablamos de libertad, pero cuando vemos alguien libre nos aterra”. En ese momento entendí ese refrán. Yo que me creía muy valiente y Marcela me llevaba seis vidas en ventaja con todo y su juventud.
Nos despedimos y ya no supe más de ella. Todavía me sorprende lo que un encuentro tan corto puede dejar en el alma de las personas. En este viaje que llamamos vida siempre será hermoso detenernos y conectar.
lunes, 21 de septiembre de 2020
Café en Paris cariño, contigo o sin ti.
Nunca pensé que lloviera tanto en Paris. Pero en pleno invierno el mes de marzo nos daba con toda el agua que podía. Lo bueno de que llueva todo el tiempo mientras caminas es que puedes llorar y nadie nota tus lágrimas.
Repasaba la ruta; hablamos de ella tantas veces. “Nos hospedaremos aquí”, “cenaremos allá”, “haremos el amor mirando a la Torre Eiffel” y “Tomaremos café en Montmartre”. La ruta ya no era nuestra, ahora; era solo mía.
Entonces reorganice mi ruta, camine por las calles vacías y hermosas. Deje que mis pies invitaran la aventura parada por parada. Me detuve a tomar fotos de lo cotidiano, de lo frágil, de lo ostentoso.
Y encontré aquel café parisino; pedí una mesa, una crepa y un café. En Paris llovía y todo me parecía tan hermoso, incluso ese café sin ti.
miércoles, 4 de abril de 2018
Y tú, ¿ya te despediste?
despedirme
de lugares a los que
jamás
habré de conocer.
Estrategias de Combate
E.S. Ortíz-González
¿Por qué no te gustan las despedidas?, así de directa y profunda llegaba la pregunta. Si bien hay personas que les cuesta dejar ir, hay otras que no tienen problemas con deja ir pero si con aceptar que están cerrando una etapa.








