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sábado, 14 de noviembre de 2020

Alan se despide

noviembre 14, 2020 0 Comments


Ella había visitado su tienda justo antes de su viaje a Europa. Ese día cruzaron palabras muy breves, el tiempo apremiaba. Ahora, volvía a ese mismo lugar y no podía creer lo que veían sus ojos. “¿Qué ha pasado? ¿Cómo es esto posible?”; eran las preguntas que disparaba para sus adentros. 


Casi pasaron seis meses desde que la distancia social había separado el mundo. Miró nuevamente la sombra de este hombre, pero ya no era él. Había perdido una cantidad impresionante de peso. El hombre grueso y robusto había quedado en el pasado sin cáncer, su mirada profunda y aquella risa burlona también. 


Ahora parecía menos alto de la habitual y en su rostro se enmarcaban gestos y arrugas que no siempre estuvieron ahí. Todo era distinto, el color de su piel, su semblante y el tono de su voz. Se miraron fijamente a los ojos, mientras para ambos se asomaba el diluvio; un respiro profundo sincronizado y el exclamo “me estoy muriendo Elena, por si no lo sabías”. 


Un golpe eléctrico corrió desde su cabeza a la garganta; no podía emitir sonido alguno. ¿Qué se le dice a alguien que te dispara con semejante argumento? Asintió, “lo sabía desde que entré por la puerta y te vi”. Elena no mentía, en un segundo había repasado los rostros de sus familiares que antes pasaron por lo mismo. 


Mientras se acercaba con la intención de abrazarle, Alan dio media vuelta, se puso de espaldas y se marchó. Ella tomo su pedido, lo puso en su bolso, dio media vuelta, cerro sus ojos y lo bendijo; soltó sus lágrimas y se marchó.


sábado, 31 de octubre de 2020

Nos conocimos desde siempre

octubre 31, 2020 0 Comments

Siempre he creído que Dios, Ala, el universo, la suerte o el destino; como sea que lo llames, pone y retira a las personas con las que conectamos en nuestra vida con un propósito. Aún no encuentro el propósito de su partida; muchos al igual que yo tampoco lo encuentran; pero todos lo hemos asimilado de una o de otra forma. 


No recuerdo cuando fue la primera vez que nos vimos. A veces tengo la impresión que nos conocíamos desde siempre, que siempre estuvo ahí, en ese café. No recuerdo haberle dicho hola, ni siquiera haberme presentado o preguntado quien era él. No recuerdo que nos presentaran o que coincidiéramos en algún lugar.  


Solamente estaba ahí, desde siempre según mi mente, tranquilo, sereno. Su sonrisa temerosa le hacía ganar la confianza de la gente y su bondad era incapaz de esconderse entre las marcas del tiempo en su rostro.


Entonces de repente ya no estaba. Solía verle por las calles cercanas, en el parque y en otros cafés. Pero allí tampoco estaba ya. Todavía abro la puerta y miro hasta el fondo del salón buscándole con la mirada, con la certeza infantil que saldrá en cualquier momento; y escuchare su voz; esa voz de paz y armonía donde todo era perfecto al decirme “mi niña”.


En Memoria de Jesús Santana (1957-2019)


lunes, 19 de octubre de 2020

Un poquito de fe

octubre 19, 2020 0 Comments

Cuando comenzó la pandemia me encontraba fuera del país, a mi regreso todo se encontraba cerrado, incluyendo el edificio donde trabajo. Después de mi periodo de aislamiento post viaje, logre acceso para rescatar mis plantas abandonadas por más de 1 mes. Casi todas murieron; por el calor intenso, la falta de aire y agua. Solo una de ellas parecía seguir luchando, y decidí darle la oportunidad. 


La lleve a casa y la cuide. Luego volvimos ambas a la oficina, pero ella aún se veía mal. Pedí consejo a las expertas; porque yo de plantas solo sé que hay que ponerles agua. Llegué a pensar descartarla en algunos momentos, pero al final le tuve fe. Hoy, casi a 5 meses de ese rescate estoy sentada frente a ella, observo 3 nuevos retoños en la planta. Apenas y caben en su maceta, tendré que trasplantarlas muy pronto, ya no tengo una planta, serán 4. 


¿Cuántas veces has perdido la fe en algo o en alguien? ¿Has despachado o descartado de tu vida algo o alguien por temor a lidiar con lo que piensas puede implicar un proceso de transformación? ¿Te has rendido pensando que no vas a poder? Nos ha pasado a todos en alguna ocasión. 

Entonces, ¿Qué tal si comenzamos a tener menos prisa y más empatía? ¿Qué tal sería si nos creamos menos expectativas y fluimos más? ¿Qué tal si en lugar de rendirnos ante las dificultades le ponemos un poquito mas de fe? 


Necesitamos un poquito de fe para:

-Los niños en procesos de aprendizaje nuevos 

-Para aquellos que intentan vencer su pasado de dolor

-Para aquellos que persiguen sus sueños

-Para aquellos que emprenden un nuevo proyecto

-Para aquellos que están reconstruyendo su autoestima

-Para los luchan para romper con los paradigmas que otros impusieron

-Para esas relaciones que pueden transformarse

-Para nosotros mismos, que aun no llegamos, pero ahí vamos


Mas fe, menos juicio; comenzando por ti. 


viernes, 27 de julio de 2012

Perdonar para ser libre...

julio 27, 2012 0 Comments




Justo leyendo este mensaje “If you cannot learn to forgive, you shall stay imprisoned with the unforgiven, let go of what was & live in the present”, sonaba en mi iPod una clásica de los 90… “claro que se perder, no será la primera vez, hoy te vas tu, mañana me iré yo”, recordé así una de esas fallidas historias de amor. Gran parte de mi camino espiritual en este plano (vida, mundo, existencia como quieran llamarle) se ha tratado del perdón. El perdón, sí; ese que tanto se pregona y no se practica.


El perdón es un proceso que no puede existir sin el odio o el rencor. Es decir, el rencor y el odio solo son caminos que nos ayudan a crecer, aunque parezca cliché; es cierto. Todas las religiones que conozco así lo afirman. Y mientras más profundas son las heridas, más nos aferramos al dolor, al odio y más nos estancamos, más lento se recorre el camino a la liberación. La liberación de perdonar es un proceso que todos nos merecemos.

A mí, como a cualquiera me ha tocado vivir mi proceso de liberación. Una de esas historias de “amor” que se convirtieron en desamor, dejó en algún momento una herida brutal en mi espíritu. De ahí a odiar fue rapidísimo, pero al menos yo, nunca pude con el peso del odio. La necesidad de soltar esa carga fue lo que me llevo a buscar la liberación. Tomó tiempo, tomó años, pero al mirar atrás hoy me siento en paz.  

¿Qué aprendí? Que odiando y guardando rencores solo obtienes dolor para ti. Que incluso aquellos que te han herido y se merecen tu odio tienen derecho a pedir perdón y que aun cuando no lo pidan o no se lo merezcan, aun así, liberarte de esa carga será una gran diferencia en tu vida. El perdón es un regalo que le hacemos a nuestra alma.  

Solo tú decides cuando te liberas….


"Demente por creer en el perdón a toda cuesta aun cuando la herida fue violenta y dejar que sea Dios el que te va a pagar" (Tercer Cielo)


Mi primer viaje sola

                                                                         Medellín Eran mis tiernos 20 años, estudiaba en la UPR, trabajaba y...