jueves, 8 de octubre de 2020

Bandera en mano

octubre 08, 2020 4 Comments

 


Desde que la “pandemia” no me permite viajar libremente, he tenido tiempo de sentarme y repasar mis últimos viajes con detenimiento. Cuando viajas hay muchas cosas que te marcan. Experiencias, culturas, personas, lugares, sabores, aromas, paisajes, idiomas y muchos otros detalles. 

A mi me suelen marcar las personas, pero no cualquier persona. Desde que entiendes que cada ser que se cruza en tu vida tiene algo que ensañarte o algo que aprender o ambas cosas; los ves como maestros, prestas mas atención a los detalles y buscas conectar con la enseñanza y el propósito. Así como Marcela (la que viaja sola), me enseño lo que era verdadera libertad y valentía; David me enseño el verdadero concepto de líder. 

Ya nos habían anticipado que amaríamos a este ser; no se equivocaron. Olvídese de todas las teorías modernas de liderazgo que nos enseñan en la facultad. Este señor no solo fue nuestro guía turístico, fue mucho más. Tengo mil historias que contarles, pero un solo post no daría. Por tanto, iré a lo más importante.

El día comenzaba con un saludo energético, un repaso de itinerario y una planificación del siguiente día con un “Mañana nos vamos a levantar a una hora que yo sé, pero que ustedes todavía no”. Pero, mientras el mundo se derrumbaba, cerraban fronteras, cambiaban destinos de viajes y nuestros familiares estaban aterrados, David fue quien nos mantuvo en equilibrio emocional y espiritual. Con su sonrisa cálida y honesta, que no dejaba de aparecer aun cuando su propio mundo ardía y sus temores y preocupaciones eran exactos y hasta mayores que los nuestros; con esa sonrisa y bandera en mano, nos mantenía enteros. 

Sin dudas los momentos mas duros los vivimos entre Austria y Suiza, pero él vivió los retos personales y profesionales mas intensos en mucho tiempo desde el día uno. David: allá donde la vida te haya puesto, gracias por el compromiso con tu profesión, por el “wake up call” (disculpa si no te dije que desde Francia aprendí a desconectar el teléfono), la buena vibra, la música despierta muertos, los consejos, las recomendaciones, la solidaridad, pero sobre todo por no soltarnos en medio de la incertidumbre, por cuidarnos como a tu familia y por vivir con nosotros las historias que nos harán recordarte siempre.   
    

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Marcela viaja sola

septiembre 30, 2020 0 Comments

El mundo fuera de nuestra burbuja se desmoronaba. Y mientras cerraban fronteras y cancelaban vuelos, nosotras caminábamos por Berna a paso lento. Ya no había prisa, estaríamos varadas varios días. 

El frío y el hambre nos vencían, así que decidimos entrar a Le Mazot. Mientras descifrábamos el menú con nuestro pobre francés y cero alemán, era inevitable que nuestra lengua boricua se soltara. “¿Ustedes son boricuas?”; alguien nos hablaba en español, era Marcela. Nuestra burbuja se llenó de la paz y la calidez de un idioma conocido. 

Con toda la seriedad del mundo yo escogía mi Rösti,  mi amiga escuchaba atenta y Marcela terminaba su almuerzo. Mujer brava e independiente que viajaba sola. Hace meses que había dejado su natal Argentina para conocer Suiza. Con los aeropuertos y fronteras cerradas ahora no tenía donde ir. La pandemia avanzando obligaba a cerrar los hostales, ya la habían desalojado de dos. Ahora buscaba llegar al consulado para pedir alojamiento. 

Yo con mis ojos fijos en su mirada, no podía sino admirar la tranquilidad y el temple con el que hablaba. Por menos que eso nuestros compañeros de viaje estaban aterrados. Todos “hablamos de libertad, pero cuando vemos alguien libre nos aterra”. En ese momento entendí ese refrán. Yo que me creía muy valiente y Marcela me llevaba seis vidas en ventaja con todo y su juventud.

Nos despedimos y ya no supe más de ella. Todavía me sorprende lo que un encuentro tan corto puede dejar en el alma de las personas. En este viaje que llamamos vida siempre será hermoso detenernos y conectar.  


sábado, 26 de septiembre de 2020

Mañana de domingo

septiembre 26, 2020 0 Comments


Amo las mañanas de domingo; silenciosas y calmadas. Enciendo un incienso, me acomodo en el sofá y respiro. A lo lejos, los pájaros exaltados van y vienen con prisa y alegría; me invitan a asomarme al balcón. Abandono el sofá y me regalan una vista lejana al océano, envidiable.

Pasos lentos me llevan hacia la estufa, el café no falta en mi vida. Mientras se consume mi incienso, observo el humo, distraído; impregnando todo el lugar. El silencio es reparador si has hecho las paces contigo mismo.

Sonreír sin motivos es un buen comienzo. Suspiro y voy tras el próximo sorbo. Estos tiempos nos han hecho ser más humildes y vivir con más tranquilidad.   

 

lunes, 21 de septiembre de 2020

Café en Paris cariño, contigo o sin ti.

septiembre 21, 2020 2 Comments

Nunca pensé que lloviera tanto en Paris. Pero en pleno invierno el mes de marzo nos daba con toda el agua que podía. Lo bueno de que llueva todo el tiempo mientras caminas es que puedes llorar y nadie nota tus lágrimas. 

Repasaba la ruta; hablamos de ella tantas veces. “Nos hospedaremos aquí”, “cenaremos allá”, “haremos el amor mirando a la Torre Eiffel” y “Tomaremos café en Montmartre”. La ruta ya no era nuestra, ahora; era solo mía.   

Entonces reorganice mi ruta, camine por las calles vacías y hermosas. Deje que mis pies invitaran la aventura parada por parada. Me detuve a tomar fotos de lo cotidiano, de lo frágil, de lo ostentoso. 

Y encontré aquel café parisino; pedí una mesa, una crepa y un café. En Paris llovía y todo me parecía tan hermoso, incluso ese café sin ti. 


lunes, 14 de septiembre de 2020

Nadie puede decirte como sobrellevar tus miedos

septiembre 14, 2020 0 Comments

 


El Facebook me ha recordado que un día como hoy enfrenté mis miedos. Bueno; uno de ellos, porque aún me quedan unos cuantos por atender. 

Hace cuatro años crucé el Royal Gorge Bridge en Colorado; con un ataque de pánico en proceso, la compasión de familiares que, detrás de mí caminaban en contra de sus propios temores mostrando su apoyo; un cielo intensamente frío y soleado. Para muchos esto puede ser insignificante, pero cuando le tienes terror a las alturas; y por consiguiente a los puentes colgantes, el solo hecho de acercarte a la baranda es un deporte extremo. 

“No mires hacia abajo”, me gritaba mi primo, pero era tarde; había mirado entre las tablas de madera del piso. A 1,200 pies debajo de mí, el Rio Colorado me decía “fluye”. Mi instinto no me permitió detenerme, a pesar de todo lo que venía con ese pensamiento. Sudando frío, con el corazón a mil, mis pies intentando llevarme, mi cara se sentía hervir y me costaba respirar. Yo solo me repetía una y otra vez, “no te detengas, no te detengas, no vas a parar”.

Así fue como vencí en menos de cinco minutos uno de mis miedos más grandes. Termine desplomándome en un banco al tocar tierra firme. Aire, agua, un helado; me recuperaba. Mi mente se rindió y las señales de pánico se disipaban. Nadie puede decirte como sobrellevar tus miedos. Solo tu alma sabe cuándo estás listo para enfrentarlos, escúchala e inténtalo.


       


martes, 8 de septiembre de 2020

El tren equivocado puede llevarte al lugar correcto

septiembre 08, 2020 0 Comments

Doy vuelta en la primera esquina, el frío me entumece las manos con todo y guantes. Caminar se hace complicado, varias libras adicionales de ropa de invierno me maltratan. Por un instante extrañe mi húmedo calor tropical caribeño. 

Vuelvo a girar. Reconozco esta calle a pesar de nunca haber estado aquí. O al menos en esta vida. Es una mañana fría, callada y vacía en Innsbruck. 

Escucho sonar las campanas de la Spitals Kirche; el corazón espantado y de fondo Los Alpes nevados. ¿Sera una visión? 

¡No!, me digo a mi misma; a veces el tren equivocado puede llevarte al lugar correcto.

Entonces, suspire, pedí una mesa y me senté. Alce la vista hacia el nevado y me perdí.   


lunes, 31 de agosto de 2020

A veces no existe una respuesta

agosto 31, 2020 0 Comments

 “¿Cuán lejos hay que ir para perdonar a quien te ha abandonado?” La mire fijamente, se me helaron las manos, se me acelero el corazón; no tenía una respuesta, no en esta ocasión. En ese momento pude sentir su dolor, su energía me apretaba la garganta y se me erizaba la piel.

Todas las señales del universo estaban en verde siga para ella. Y eso hizo; siguió y quito sus barreras, se entregó. Dejo de temerle al amor, y como un buen cabron, él se fue, la abandono. Sin palabras, sin explicaciones, su vergüenza era tal que ni una nota le dejo. “Un cabron más en la vida”.   

Por primera vez no tenía una respuesta para mi amiga. Lloró y llore; hicimos silencio, uno eterno. Nos abrazamos, suspiramos. 

Gritamos al unísono ¡Cabron! Nos reímos, agarramos nuestros bolsos y nos fuimos por un café. 


Mi primer viaje sola

                                                                         Medellín Eran mis tiernos 20 años, estudiaba en la UPR, trabajaba y...