jueves, 13 de agosto de 2026

Mi primer viaje sola

agosto 13, 2026 0 Comments
                                                                         Medellín

Eran mis tiernos 20 años, estudiaba en la UPR, trabajaba y ya cubría mis gastos. Era momento de volar. Llevaba más de 6 años cultivando una amistad con una colombiana y me invitó a visitarla (Spoiler: seguimos siendo amigas aún).


Se podrán imaginar, años 90 en Colombia, ¡¡¡mis papas iban a poner el grito en el cielo!!! Así que tramité mi pasaporte y compré mi boleto sin decirles nada. Les anuncié mi viaje 2 meses antes para que fueran procesándolo. 


Mi primer viaje sola, fuera de la Isla, fuera de EU. Fue un viaje maravilloso que me enseño demasiado sobre prejuicios y estereotipos. Mientras intentaba dormir la primera noche sonaba La razón de Gilbertito en un negocio cercano. Aún recuerdo como me sentí lejos de casa, asimilando todo lo que estaba viviendo escuchando algo que era tan familiar para mí.


Ese fue mi recordatorio que sin importar cuan lejos estes de casa, siempre la llevas contigo. 


El primer viaje de mi vida

agosto 13, 2026 0 Comments



Tenía 14 años. Estaba por cumplir 15 añitos y yo no quería una fiesta (tampoco era algo que económicamente mi familia se pudiera permitir). Mi mamá, como siempre, lo hizo posible. Así que me dejaron ir a visitar a mis familiares (custodiada siempre por varias tías) entre New York y Connecticut. 


Salir de “la isla” reventó la mitad de mi burbuja. Guardo gratos recuerdos y sé que desde entonces amo New York (con todas sus luces y sombras) y por eso he regresado (y regresaré) muchas veces. Viajar sacudió todo en mí fue la chispa que inició mi amor por conocer personas, lugares y culturas. 


Un viaje por sencillo e insignificante que parezca siempre cambia la vida. 


Antigua versión

agosto 13, 2026 0 Comments


Dejar en el camino tus versiones anteriores puede ser mas duro de lo que jamás imaginaste. Soltar el peso de tus traumas, viejos hábitos, rutinas que no te aportan en tu nueva conciencia, en fin. Dejar tantas cosas; familia, amigos, clientes, lugares y sensaciones puede ser doloroso y a la vez reconfortante.

Caminaba dando saltos y pateando hojas color naranja que me recordaban todo esto. El otoño en New York siempre ha invitado a mi niña interior a disfrutar la libertad que hay en el desorden que te muestra sin mucha dificultad todo lo que vas dejando, como las hojas en sí; todo lo que va cambiando.

jueves, 12 de febrero de 2026

El cliché de lo intacto

febrero 12, 2026 0 Comments



Es en los pequeños momentos a solas que se despliegan todos mis pensamientos. Mi mente divaga entre una imagen y otra. Los recuerdos del mismo lugar, pero distintas personas y momentos. Cuando se ha vivido mucho ese repaso no llega al final, sino que es inevitable tenerlo de cuando en cuando.

Veo mi reflejo en la puerta de entrada y me he sonreído. La plaza, sus luces, el café, todo intacto sin importar cuanto me demore en regresar. El bullicio de una mesa cercana me trae de regreso. Un grupo de caballeros todos mayores de 70, increíblemente alborota más que uno de chiquillos. Están de regreso al alma mater por el fin de semana. Y el vino en la sobre mesa los hace notar. Me recuerdan que vivir es cosa del día a día y que la edad es número y nada más, por más cliché que suene.


De regreso en Madrid

febrero 12, 2026 0 Comments

 


27 de mayo de 2024

 

Volver a Madrid siempre se siente como volver a mí. Pasaron cuatro años, pero reconocí su aroma de ciudad cosmopolita y como se siente el solecito mañanero en meses de frío.; una caricia en mi rostro que agradecí con lágrimas.


El caos, el encierro y las muertes de tantos, ha endurecido al madrileño; sentí que en general, tienen menos miedo. Nuevos acentos acapararon mi atención. Venezolanos, peruanos, mexicanos y otros, llegaron a la “madre patria” buscando mejor vida. No sé si la han encontrado, pero me sonríen a pesar de lo duro que es emigrar.


Sin importar el cansancio, las horas sin dormir y el “jet lag”, me he tirado a la calle sin pensarlo. Se me hacen naturales algunas esquinas, un vermut y unas croquetas. En Gran Vía no cabe un alma, pero me siento segura en una sensación de hogar que no conocía y pocos entienden.

 

Despedirme fue duro, sigo llorando mientras escribo estas líneas. No entiendo, pero siento y eso es suficiente.

 

 

 

lunes, 27 de mayo de 2024

La despedida

mayo 27, 2024 0 Comments

Foto por Igor Starkov

No estaba listo para una nueva relación, mucho menos para amarla. Consternado con lo que sentía, emprendió la despedida. Agarro su sombrero, billetera y llaves, “he de decirle que no puedo”; se repetía una y otra vez para sus adentros. 

Encendió su auto, pero dudó si emprender la marcha. Se miró en el retrovisor buscando valor, respiró profundo. Conducía con la mente abrumada planificando su argumento, “eres muy bonita, pero”. En negación repetía “no no no Joel, eso no es justo”. Un bocinazo lo ha traído de regreso, semáforo en verde. “No quiero un compromiso con nadie”, otro pensamiento intruso. Lo ha detenido el tráfico, habla para si “no estoy enamorado de ti”. 

Segundo bocinazo, las lágrimas atacan; “eso es mentira, no puedo decirle una mentira”, lo susurró, como si quisiera que el Universo no escuchara. El camino se ha hecho mas largo de lo usual.

Aparco el coche donde siempre, sus manos temblorosas y su mirada al cielo buscaban fuerzas. Caminó hacia la entrada del café. La vio sentada, sola y sonriente, se había pedido un cappuccino. No fue capaz de acercarse, sus miedos pesaban más que todo su pasado. La cita que el mismo había planificado, soñado y solicitado no existió.  

El, aún la piensa. Ella ya no se acuerda. 



sábado, 12 de agosto de 2023

La niña valiente de Vancouver

agosto 12, 2023 0 Comments

Photo by E. Jiménez (All rights reserved)

Ella había cruzado dos fronteras con sus hijos para salvarse y para salvarlos de la violencia. Lejos de la familia que su corazón había elegido, sin recursos, sin conocer el idioma y a pesar de todo eso no entendía lo brava y valiente que era. Yo la veía, pero ella no se había visto así misma. 


Ya ha pasado un buen tiempo, sus hijos crecieron (incluso es abuela), son gente de bien, profesionales y ciudadanos responsables. Y si eso no es otro logro ¿Qué lo es?  


Aún lleva a flor de piel la niña valiente que no supieron proteger. Sus ojos bonitos, dulces y llorosos van cargados de ternura, inocencia y sentimiento. En el momento que verbalizo “que no había hecho nada de lo que sentirse orgullosa”, fui la extraña impetuosa que intentó recordarle lo grande que era.


Se apaga el sol en Vancouver y desde English Bay con mi rosé en mano te celebro niña valiente.


D: I purple you♥  

domingo, 18 de junio de 2023

Sanación de la musa

junio 18, 2023 0 Comments


Poco mas de un año sin escribir.... y no es que no haya tenido historias para contar. He hecho suficientes viajes y he conectado con nuevas almas, hay mil historias; pero mi musa se encontraba dormida.

Un proceso de sanación no tiene fecha de comienzo o fin, es orgánico, va a su paso, a su ritmo. El mío parece estar avanzando mas por estos días. 

Mientras, sigo recogiendo las vivencias de las almas que me han tocado de cerca en el último año y pronto volveré a contarles sobre ellas. 

Elsie Yadira




martes, 10 de mayo de 2022

La paz lo vale todo

mayo 10, 2022 0 Comments

Photo by E. Jiménez (All rights reserved)


“A veces las personas no están destinadas a quedarse para siempre, a veces solo llegan para ser una lección de vida”. Ese razonamiento me abrazaba, me hacía sentir menos culpable por no haber ayudado a perpetuar la infelicidad. 


¿Podría haber aguantado más? ¿Debí acostumbrarme a los insultos? ¿Dramatice o exagere en pensar que me faltaba al respeto cuando se burlaba de mis emociones?¿Como llegué a permitir que me golpeara?


¡Claro que no!; me escuché decirlo a gritos. Miraba hacia el final del viñedo, justo donde comenzaba el río. Exhale con fuerza, negando con la cabeza una y otra vez. Por mas que la sociedad intente decirnos y hacernos sentir que es nuestra culpa, no lo es, nunca lo fue. 

Foto por E. Jiménez (Todos los derechos reservados)

                         

Me había quitado los zapatos y caminaba descalza por el viñedo, ese instinto de libertad y conexión. Arrastraba mi vestido azul de fiesta, mientras me acercaba al río. Comenzaba a atardecer, el cielo cambiaba sus colores y en la distancia, el sonido del último tren del día, intentaba interrumpir mi trance. Nuevamente repase la vista, finalmente estaba en paz, y la paz lo valía todo.



domingo, 6 de febrero de 2022

El jardín

febrero 06, 2022 0 Comments

 

Foto por E. Rivera


Caminaba por tercera vez el laberinto, rodeado de plantas. Un jardín tranquilo, florecido y cubierto de mariposas. El agua cayendo de la fuente creaba un sonido tenue y fresco, una sensación de paz que hacía mucho no sentía. Pequeños sonidos capaces de opacar la cercanía de los autos y el tren. 


Vio su reflejo en el estanque,  sintió que estaba en un oasis. Un oasis en medio de una ciudad tan dura y abrumadora,  llena de estructuras sin sentido y edificios capaces de cortar la vista al cielo. Respiro profundo y se concentró en el sonido del agua. Por un instante pensó que estaba en otro país. 


“Deja tu mente en blanco”, repetía para sí. Comenzó a cantar, tocaba las flores, les tomaba fotos con el móvil y regresaba su mirada al cielo, sonriendo. Le gustaba ese karma, la llenaba de energía y felicidad. El jardín apaciguaba el dolor que aun contenía. Aún así sonreía, sabía que el dolor no duraría para siempre.


Se sentó en el césped. Se había rendido ante los rayos del sol, reía; ahora a carcajadas. En su corazón sabía que ese momento era único e irrepetible. Se permitió ser niña, jugar con las mariposas, correr detrás de los patos y alimentar los peces en el estanque.


Se había quitado los zapatos, la sensación de caminar descalza le gustaba, se sentía libre. Dejaba así atrás el qué dirán, el peso social, la opinión de su familia, lo que dirían los conocidos y el juicio de cualquiera que no comprendiera su sentir. 


Repasó con la mirada por ultima vez el jardín, suspiro mientras llovía en sus ojos negros. Mientras se ponía en pie, una inmensa sonrisa se disparó en su rostro. Agarró su mochila y emprendió su nuevo camino. El bote al ashram le esperaba.  


jueves, 23 de diciembre de 2021

Querida Navidad: Gracias por tanto, aunque no crea en tí

diciembre 23, 2021 0 Comments

Photo by cottonbro from Pexels
 

Desde siempre, sé que desde siempre no he creído en ella. De hecho, nunca creí en todo ese cuento de la virgen, el milagro, el pesebre nada de eso. Pero, crecí en un hogar católico, con familiares católicos y por 13 años fui a colegio católico y entre las monjas y la familia no había opción.

Excepto por ese pequeño detalle, yo amo la Navidad. Las memorias más hermosas de mi niñez, los momentos más hermosos de compartir con gente amada, los eventos familiares que más atesoro, la vibra más chispeante de mi nación, la capacidad temporal de la empatía y solidaridad de la gente, por eso y por muchas otras cosas amo la navidad.

El aprendizaje más grande para mí ha sido, la tolerancia hacia lo que no creo, y la empatía de no juzgar a los que si creen en ella desde el aspecto religioso. Así que sin creer (del creer de creer en la religión cristiana) me parecen hermosas las misas de aguinaldo, los villancicos navideños, la decoración cristiana alusiva al nacimiento, la tradición familiar de cenar juntos, la solidaridad con los más vulnerables, las llamadas de amigos y familiares, las postales que todavía llegan y los rostros de alegría de los que verdaderamente creen en ella.

Querida Navidad:

Gracias por los recuerdos más hermosos y los más dolorosos.

Gracias por las luces de mi árbol navideño, el cual mi madre nos enseñó a mirar desde el suelo y hacia arriba, justo debajo de él.

Gracias por las noches de envolver regalos para mis hermanas, por la adrenalina de esconder juguetes sin que ellas supieran.

Gracias por las canciones cristianas cuya letra recordare toda mi vida.

Gracias por el recuerdo del olor a pino.

Gracias por la disciplina de todo el año para que el viejo gordito me trajera regalos.

Gracias por la leyenda de los reyes magos que mi padre pintó para mí en orión.

Gracias por tantas fotos de amigos y familiares disfrutan lo más sencillo.

Gracias por las risas frente a un plato típico y una mesa llena de familiares.

Gracias por la oportunidad de regalar a los que no tienen.

Gracias por la imagen eterna en mi mente de mi padre con luces de colores en mano, de mi abuela con su rosario, de mis primos con sus juegos, de mis hermanas con sus muñecas y de mi madre en la cocina puesta para a tradición preparando un manjar.
         

domingo, 26 de septiembre de 2021

Te esperaba, pero no estas.

septiembre 26, 2021 0 Comments


Photo by Edu Carvalho from Pexels

Me he bajado del Uber con mucha dificultad. Maleta grande, baúl pequeño. Mi conductor no hizo ni un gesto para ayudarme, en fin, lo normal. No bien había echado una breve mirada a la casa y mi Uber ya había desaparecido.


“La casa está intacta”, decía para mis adentro repasando con la mirar cada flore del jardín. Arrastrando a Karma (así le he llamado a mi maleta) lentamente, camine hasta la puerta he hice sonar el timbre. Había hecho esto tantas veces, sabía como funcionaba. El timbre sonaría y acto seguido Rico ladraría descontroladamente, sería el primero en asomarse. Le seguirían los pasos lentos y pesados de mi abuela, su risa y su particular “nena ¿que tú haces aquí”, porque siempre he llegado sin avisarle. 


Ahí estaba yo, pasada las una de la tarde, sofocada con el sol veraniego pegando duro en mi rostro, mi cubre bocas empapado de sudor. “Paciencia ten paciencia”. Cinco minutos después, seguía esperando por ella. “¿Qué pasara que abuela no abre la puerta? Estaba lista para desafiar una vez más las normas, y comenzar a gritarle como una parcelera “abuela, abre la puerta”. Un escalofrío me recorrió desde la cabeza y hasta la espalda.    


No tenía que seguir esperando, ese escalofrío me hizo realizar que hacía hace un año que mi abuela había muerto. Y yo, aún en el sol, esperaba verla abrir esa puerta, como en los viejos tiempos. Respire pesado, y las lagrimas me atacaron. Agarré el móvil y llame a la casa “ábreme tía que estoy en la puerta”.    


lunes, 10 de mayo de 2021

El cuaderno de viaje

mayo 10, 2021 0 Comments

 




“Llévatelo para tu viaje y escribe un libro”, fue lo último que escucho antes que la llamada terminara. Palabras sabias la de su amiga, escritora consagrada y quien era capaz de hacer una historia de cualquier detalle. Así fue como comenzó la aventura del último cuaderno que le regalara sabe Dios quien, en la fiesta de su cumpleaños número cuarenta. 


“Cuando cumples cuarenta lo menos que te interesan son los regalos, o al menos a mí no me interesan”, comentaba entre risas con sus hermanas. Para ella lo verdaderamente importante era mantener recuerdos inolvidables de sus amigos, familiares y personas amadas. 


Pero este regalo era especial, “quien lo trajo te conoce muy bien”, era el único pensamiento que insistía en su cabeza.  Llego justo a tiempo y con unas palabras muy sabias. Era un cuaderno de piel rosada, encintados crema y con una inscripción bordada en color oro que leía “Solamente haz lo que el corazón te diga": princesa Diana de Gales. El cuaderno venia acompañado de un lapicero con la frase en inglés “Happy”. Así que después de intentar sin éxito localizar quien le regaló semejante belleza, dejo de resistirse y empezó escribir.


Lo pensó tantas veces, pero su autoestima nunca fue lo suficientemente robusta para encontrar algo de importancia o de interés que decir sobre su vida. Parece mentira que llegara a esta edad sin tener la fortaleza y determinación para algunas cosas. Solo para algunas, por qué tomar aquel avión y llegar al puerto de Santa Mónica no me tomo ni un segundo decidirlo. 


Y allí estaba, en aquel restaurante enclavado frente al puerto, con las columnas cubiertas de enredaderas y trinitarias, con una vista al mar imponente y con brisa fresca. Pasaba veloz el mes de julio, veraniego y caliente. Por un momento olvido que estaba del otro lado del mundo y entre el calor y el salitre sintió que estaba en casa. En la isla caribeña con vista al Atlántico. 


Entonces, extasiada contemplaba los transeúntes y la vida de aquel puerto. Festivo, colorido, lleno de muchos idiomas donde muchas culturas se entremezclaban. "Una copa de vino señora", un mesero rompió su burbuja de salitre. Venía vestido muy finamente, ya que el lugar lo ameritaba, pero traía consigo toda la espontaneidad de la cultura californiana, con piercings en las cejas y la boca y cabello marrón y morado. 


Se sonrió como buena cómplice, “tinto por favor, que el blanco es para las niñas que lloran y el tinto para las mujeres que tienen garras", dijo con su inglés roto por el acento boricua. Asintió un poco sorprendido y se retiró.


Buscó su cuaderno sin dueño para ojear algunas líneas que había escrito. Unas palabras por aquí, unas letras por allá. Decidió comenzar a escribir palabras que llegaran a su mente al azar, dejando que su espíritu agitado estallara sin limitarse. Dos lágrimas nublaron su visión del mar, las limpio en fracción de segundos, pero no lo suficientemente rápido para que el mesero no las viera. "Si quiere voy por el blanco", le guiñó un ojo devolviéndole un gesto de complicidad, no tenía opción; sonrió. 


Cuando miró su cuaderno, yo había escrito sin darse aún cuenta la palabra libertad: Libertad. Su espíritu era astuto, sabía que llevaba tatuada esa palabra en su piel. Sabía que las almas libres no tienen miedo, sabía cuánto había luchado por aquel momento de soledad e introspección. Lo sabía ahora pero no lo había sabido siempre. Era mucho lo que le había costado despertar del letargo que fue su vida por mucho tiempo. Salir de lo esperado y ser libre, había costado muchas lágrimas. Ahora valoraba y recordaba cada una de ellas.

©Elsie Y. Jiménez-Todos los derechos reservados 2021


jueves, 4 de marzo de 2021

Luna llena en París

marzo 04, 2021 0 Comments

Foto por Magda Ehlers


Nunca planifique estar en luna llena en París, pero ahí estaba yo. Con las emociones a flor de piel, con un frío capaz de nublar el pensamiento, con la mirada fija en un cielo semi nublado. Hice algunas fotos de turista. Pero la mirada regresaba siempre una vez más hacia arriba; donde estaba mi luna.


En mi corazón sentía esa sensación, ese presagio; de que ya había caminado esas calles. “¡Cuidado, cuidado!” se interrumpe mi trance; el guía nos alerta de los carteristas alrededor. ¡Total! que nada llevaba conmigo que no fuera todo ese peso en el corazón. 


Repaso con la mirada nuevamente la plaza, miles de almas intentan la foto de turista y compran recuerdos. Reviso de nuevo lentamente la escena en la que me encuentro. Pasan en cámara lenta frente a mí tantas cosas, momentos y sensaciones. Tal vez no soy yo, tal vez sea la luna.   


jueves, 11 de febrero de 2021

Compañera de viaje

febrero 11, 2021 2 Comments

Photo by Roberto Nickson from Pexels


Algunos dirían que era muy temprano para un café, en una mañana tan fría, sentada frente a la Fraumünster. Para ella no, el calor y el aroma del café le brindaban la paz y la calma necesaria para seguir. La incertidumbre había comenzado a socavar sus fuerzas.


Había notado como se distanciaba la gente, incluso comenzaba a ver transeúntes cubriendo sus rostros. Solo quedaba mirar a los ojos y sonreír desde adentro. Algunos le entendían, sus ojos llenos de temor también se achicaban. Ellos también sonreían. 


De nuevo volteo a mirar la iglesia. Estaba empeñada en grabarse esa imagen en su mente y quedarse a escuchar las campanadas que marcaban las once de la mañana. ¿Cómo era que un día tan perfectamente soleado podía ser a su vez tan frío? Decidió no analizar más esa pregunta. Tomo su bolso y caminó hacia los canales que bordaban el lago, Ella le seguía. Caminó y caminó.


Al parecer no era la única buscando calor. Ya en la Sechseläutenplatz se habían apostado muchas familias con sus sillas y mantas para tomar el sol. Pocas veces seguía a las masas, pero eran días complicados y solo siguió su instinto.


Se alejó todo lo que pudo en busca de distanciamiento físico y menos bullicio. Necesitaba volver a prestarle atención a todas esas preguntas en su cabeza. Ser una extranjera extraña en tierra de otra lengua tenía sus ventajas. Nadie preguntaba si estaba bien, nadie juzgaba que haría allí en medio de esa plaza con lágrimas en los ojos.


Dio media vuelta para mirar a su compañera de viaje, allí seguía. Hay almas capaces de entender tus silencios, respetarlos y seguirte fielmente. El mas profundo de los suspiros llegó junto con el hambre. “Vamos por la fondue?”, le devolvió la sonrisa, “vamos”.  






miércoles, 20 de enero de 2021

Mañana de otoño

enero 20, 2021 0 Comments



Photo by Tim Douglas from Pexels

El Jazz rompía el silencio; “I got Plenty O’ Nuttin” sonaba inundando mis oídos. Afuera llovía más de lo usual, no era una mañana típica del otoño tropical.


Se ha encendido la maquina de café, la escucho y veo como el vapor ha cubierto al barista; que con su sonrisa pícara confirma que “el cortadito doble está listo”. 


Voces diversas disfrutan del aroma intenso a café. Se ha impregnado en la ropa, las paredes clichosas y mi cabello. Inhalo profundamente disfrutando ese instante irrepetible, único y hermoso. 


Por fin ha llegado a la mesa mi elixir, cierre triunfal sincronizado con Fitzgerald y Armstrong; un sorbo y sonrío, estoy justo donde el universo me necesita.     


miércoles, 13 de enero de 2021

Por las calles de Madrid

enero 13, 2021 0 Comments



Photo by Selim Çetin from Pexels
IG sc._designs

Demasiado tiempo había pasado desde la última vez que pudo pasearse por las calles de Madrid. Ahora sentado en plena Calle Mayor, contando su perdida a un extraño lo entendía. Ha hecho más frío de lo habitual, lo ha notado en la ropa de las transeúntes. Pero el aún siente la intensidad en la piel del país que eligió como destino. 


Son muchos los que han tenido grandes pérdidas humanas en esta pandemia, pero, sin dudas; nadie se prepara ni espera regresar a la patria a enterrar a su madre en una circunstancia tan terrible, cruel, inhumana y dolorosa. 


Ha dejado atrás al extraño; lloraba a un hijo. Ahora necesita caminar un poco más, tal vez llegue hasta la Puerta del Sol. Necesita caminar su ciudad y buscar la mirada de su madre entre la gente. No hay más que hacer. Todo parecía tan distinto ahora, ese espíritu vivaracho y sandunguero de los madrileños estaba apagado. Miraba al cielo y sonreía. 


“¿Cómo he de volver a casa?”, la isla que escogió para emigrar y que sentía como propia le esperaba. “¿Podré regresar con este dolor en mis entrañas?" El ruido del tranvía irrumpió sin piedad, le trajo de regreso al 2020, interponiéndose entre sus ideas y su vulnerabilidad emocional. Se detuvo de repente y miró alrededor para revisar donde estaba. Paseo del Prado leía a su derecha, había caminado lo suficiente para aturdirse. 


Un escalofrío casual lo sacudió. Volteó a mirar a su alrededor, tenía la sensación de que su madre le observaba. Esta vez no se equivocaba, solo que no la veía. 


viernes, 18 de diciembre de 2020

La receta de la abuela

diciembre 18, 2020 0 Comments

Sentada un su sofá mirando hacia la nada, como muchos. Eran días difíciles en el hospital, la pandemia castigaba sin piedad a los mas vulnerables. Mirar a la nada ayudaba a desconectar la mente del cuerpo, el cansancio y la impotencia. 


Había decidido mantener la tradición familiar a pesar que la familia no podría reunirse. Se levanto rápidamente, rumbo a la cocina. Ajo, cilantro, cebolla, sal, orégano, comino, aceite y otros trucos. Sin percatarse había replicado la receta de la abuela. Se transporto.


La memoria olfativa la ubicó en la cocina colonial santurcina. Techos altos, baldosas hidráulicas, humedad del trópico, el adobo y su abuela. Suspiró y repaso el encanto de esa memoria. Ladridos provenientes de su patio la devolvieron al presente. Suspiro y las lagrimas le abrazaron; le sonrió a ella, a su abuela. Sabia con certeza que le acompañaba.  


Colorear para crear

diciembre 18, 2020 0 Comments

 



Foto por Ketut Subiyanto

Recientemente hice un pequeño post para mis amigos y co-inspiradores de La Chiwinha quienes, por muchos años han ofrecido alternativas de regalos de comercio justo en Puerto Rico. 

Colorear es una actividad que de niños disfrutamos sin limite y sin prejuicio. Colorear alimenta la creatividad, pero ¿por que de adultos abandonamos una practica tan hermosa?

Te invito a leer el post Colorear para Crear. Déjame tus comentarios, ¿Te gusta colorear? ¿Lo has intentado de adulto? Los leo... 


 

sábado, 14 de noviembre de 2020

Alan se despide

noviembre 14, 2020 0 Comments


Ella había visitado su tienda justo antes de su viaje a Europa. Ese día cruzaron palabras muy breves, el tiempo apremiaba. Ahora, volvía a ese mismo lugar y no podía creer lo que veían sus ojos. “¿Qué ha pasado? ¿Cómo es esto posible?”; eran las preguntas que disparaba para sus adentros. 


Casi pasaron seis meses desde que la distancia social había separado el mundo. Miró nuevamente la sombra de este hombre, pero ya no era él. Había perdido una cantidad impresionante de peso. El hombre grueso y robusto había quedado en el pasado sin cáncer, su mirada profunda y aquella risa burlona también. 


Ahora parecía menos alto de la habitual y en su rostro se enmarcaban gestos y arrugas que no siempre estuvieron ahí. Todo era distinto, el color de su piel, su semblante y el tono de su voz. Se miraron fijamente a los ojos, mientras para ambos se asomaba el diluvio; un respiro profundo sincronizado y el exclamo “me estoy muriendo Elena, por si no lo sabías”. 


Un golpe eléctrico corrió desde su cabeza a la garganta; no podía emitir sonido alguno. ¿Qué se le dice a alguien que te dispara con semejante argumento? Asintió, “lo sabía desde que entré por la puerta y te vi”. Elena no mentía, en un segundo había repasado los rostros de sus familiares que antes pasaron por lo mismo. 


Mientras se acercaba con la intención de abrazarle, Alan dio media vuelta, se puso de espaldas y se marchó. Ella tomo su pedido, lo puso en su bolso, dio media vuelta, cerro sus ojos y lo bendijo; soltó sus lágrimas y se marchó.


Mi primer viaje sola

                                                                         Medellín Eran mis tiernos 20 años, estudiaba en la UPR, trabajaba y...